Si caminamos hacia el sol dejamos las sombras detrás

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Ing.Adolfo Urrutia y Cecilia,2005

sábado, 23 de enero de 2010

reposo en semana mayor


SEMANA SANTA PARA MEDITACIÓN Y REPOSO... ¡NI LO PIENSE!

Generalmente, se piensa en la Semana Santa en términos de reposo, oración y meditación.
Lo que sería idóneo para evitar tanto derramamiento de sangre y sobresaltos, pero la historia nos ha demostrado que en la Semana Mayor es cuando más violencia, gritos y sustos se han dado. Qué hacían muchos personajes célebres en Semana Santa? Hagamos un paseo por el tiempo.
Para Calígula, gran emperador loco de Roma, la Semana Mayor era perfecta oportunidad para torturar cristianos. Solía ordenar que los torturados fueran martirizados delante de él mientras comía opíparamente. Calígula afirmaba que ya que estaban en la semana en que se conmemoraba un aniversario más de la muerte del Nazareno, no era mala idea que los cristianos practicaran su odiosa fe con el vivo ejemplo. Además, Calígula afirmaba que los gritos de los cristianos le estimulaban el apetito y le alborotaban la líbido. No sería el único emperador romano en detestar a los cristianos y torturarlos para la semana mayor.
Diocleciano, por su parte, prohibió que los cristianos ni siquiera mencionaran las efemérides de la Semana Mayor, como parte de su despiadada persecusión de los seguidores del Colochón. Quién hubiera dicho que con el paso del tiempo, habría un emperador tan fanáticamente cristiano (Teodosio) que prohibiría los juegos olímpicos, debido a que generalmente se celebraban por la fecha en que la Semana Santa aparecía en las celebraciones religiosas. Constantino, a quien muchos acreditan como primer emperador cristiano, no se bautizó, sino hasta que estaba boqueando en su lecho de muerte, aunque sí usó el símbolo de la cruz como estandarte político para conseguir el poder. Constantino durante la Semana Santa ni siquiera iba a la iglesia, prefiriendo quedarse en sus lujosos palacios tramando nuevas intrigas políticas.
Teodora de Bizancio entra a la historia como una ex prostituta con mucha suerte e inteligencia quien al casarse con el emperador bizantino Justiniano llegó a gozar de gran poder. Cristiana muy a su manera, la emperatriz aprovechaba la Semana Santa para llevar alivio a los pobres, particularmente, a las viudas y huérfanos, quienes eran objeto de toda suerte de atenciones. Teodora no limitaba sus obras de beneficencia a la Semana Santa, y usando su influencia sobre su marido logró que se legislara a favor de las mujeres bizantinas.
En la Edad Media, Carlomagno solía convertir al cristianismo a numerosas tribus con el poder de la espada, sin embargo, él mismo como cristiano que decía ser no observaba las normas de la iglesia. A menudo, aprovechaba la Semana Mayor para refocilarse con sus numerosas amantes, y pocas veces se abstuvo de comer carne en viernes santo. Las cruzadas se llevaron a cabo independientemente de la época del año en que se estuviera. Los cruzados cometieron toda suerte de atrocidades sin importarles que fuera la Semana Mayor. No sería el único rey galo que hiciera eso, pues muchos años después, Luis IX-quien acabó canonizado por la iglesia católica tras morirse de una pavorosa "currutaca" durante una cruzada-sería conocido por sus sesiones de autoazotes. Estas sesiones arreciaban conforme se entraba en la cuaresma, y cada viernes santo el rey acababa con la espalda y los muslos como cuero de tigre. Otro piadoso personaje que utilizaba los días santos para derramar sangre fue el Barón de Retz, mariscal de Francia y gran amigo de Juana de Arco. Desilusionado después de que la Doncella de Orléans fuera quemada por hereje en 1431, el barón derramó sangre, pero no la suya. Mató más de 100 chicos, mayormente refugiados y huérfanos. Los mutilaba y abusaba sexualmente de ellos mientras se sacudían en los estertores de la muerte. Cuando la iglesia se dio cuenta de las barbaridades cometidas por este noble, lo quemaron en una estaca sin sal ni pimienta en 1440.
Triste Semana Santa pasó el famoso sacro emperador romano Maximiliano de Habsburgo en 1482. Resulta que su esposa, la linajuda y riquísima María de Borgoña, se le había muerto embarazada tras una caída del caballo. María se fue de este mundo un 27 de marzo poco después del cumpleaños de Maximiliano, y aunque inicialmente se había tratado de un matrimonio arreglado, cuando María lo dejó viudo, Maximiliano ya estaba sinceramente enamorado de su consorte. Maximiliano I gastó buenos recursos en misas durante la semana mayor, pero nunca pudo exorcisar el recuerdo de su mujer.
El emperador Federico II de Sicilia no era muy religioso que digamos, y consideraba que la semana mayor era sólo un pretexto de la gente para no trabajar. Federico utilizaba esos días para meterse a su laboratorio científico en compañía de varios sabios judíos y la pasaba de maravilla haciendo disecciones y experimentos con plantas.
La Semana Mayor fue para algunos el tiempo idóneo para llevar a cabo ceremonias extrañas. Los Templarios se vestían con su mejor traje y oraban para dar gracias por su prosperidad pecuniaria, pero para Felipe IV, el rey galo destinado a acabar con ellos, fue tiempo para meditar sobre el golpe maestro que les asestaría a ellos y al papa Bonifacio VIII, a quien luego mandó a sopapear con su ministro Guillermo de Nogaret. En Inglaterra, sin embargo, la Semana Mayor ofreció chance para que Elizabeth Throckmorton, la inconsolable viuda de Sir. Walter Raleigh le hiciera extrañas misas a la cabeza de su esposo luego que éste fue decapitado en 1618. Elizabeth conservaba la testa de su esposo en una bolsa de cuero rojo y aunque nunca se separaba de ella (la anduvo consigo por 29 años), las fiestas de guardar eran perfecta excusa para tandas enormes de oraciones.
La Semana Mayor no detuvo al papa renacentista Alejandro VI (originalmente llamado Rodrigo Borgia) en su incansable búsqueda del placer y el poder, y en un Viernes Santo fue visto bien acompañado por dos de las más populares meretrices de Roma. Su bella hija Lucrecia tampoco permitiría que las fechas del calendario le estropearan una buena farra, y tras la muerte de su segundo esposo Alfonso en un jueves santo pecó con un exquisito paje veneciano de ojos verdes llamado Lorenzo Giannini.
Pedro III, el tarado zar de Rusia con quien matrimoniaron a Catalina II, no consideró que la Pascua Rusa es una de las fechas más sagradas a la hora de divertirse. Resulta que Pedrito era pirómano de armas tomar, y para gozar un rato, en un sábado de gloria, hizo que le pegaran fuego a la casa de un allegado suyo mientras el noble andaba pasando vacaciones en el campo. Horrible fue la sorpresa del aristócrata cuando al regresar una semana más tarde, encontró su lujoso palacio reducido a cenizas.
Para colmo, el hecho de que el mundo cristiano celebre la Semana Santa no impide que las tragedias sucedan, y un 13 de abril de 1955, 300 personas perecieron en un accidente ferroviario en México. Igualmente enlutados pasaron los habitantes de Italia cuando en Salerno en marzo de 1944, 521 personas fallecieron en otro accidente de tren.
Su sobrinito Nerón gustaría de iluminar el circo romano con teas humanas, preferiblemente cristianos que habían sido rociados con vino para fomentar la combustión. Otros que no eran usados como antorchas humanas eran servidos como opíparos almuerzos a los leones, y mientras más invocaban a Jesús estos pobres seres, más se carcajeaba Nerón.
Para aterrorizar a los habitantes de las ciudades que se resistían al sitio, solían echar mano del primer compañero de armas para decapitarle delante de los atónitos ojos de la gente. Luego de decapitar a unos cuantos cristianos, estos "modélicos caballeros de la cruz" lanzaban las cabezas sobre los muros de la ciudad para mostrarles a los musulmanes de la piedad de la cual eran capaces. Luis VII de Francia, rey que fue el santurrón primer marido de Leonor de Aquitania, aprovechaba el Viernes Santo para hacerse salpicón la espalda a latigazos, pues se autoflagelaba como una forma aparatosa de mostrar cuán creyente era.

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